EN LAS SOMBRAS

 



 En una pequeña ciudad rodeada de espesos bosques, había una casa antigua y abandonada que se decía estaba encantada. Los lugareños evitaban pasar cerca de ella, especialmente al caer la noche, pues decían que un espectro acechaba entre las sombras tanto de día como de noche.

La leyenda contaba que hace muchos años, un hombre llamado Samuel había vivido en esa casa con su esposa e hija pequeña, Emily. Samuel era un hombre solitario y poco amigable, y los rumores sobre su trato cruel con su familia comenzaron a extenderse. La noche en que Emily desapareció, la gente empezó a murmurar que Samuel, en un arranque de locura, la había encerrado en el sótano oscuro de la casa.

Con el tiempo, la casa quedó deshabitada. Los años pasaron, pero los rumores persistieron. Se decía que el espíritu atormentado de Emily, ahora convertido en un espectro vengativo, aún deambulaba por los oscuros pasillos y habitaciones de la casa, buscando venganza contra su padre por el sufrimiento que le había infligido.

Una noche, un grupo de jóvenes valientes decidió desafiar la leyenda urbana y explorar la casa encantada. Armados con linternas y nervios de acero, entraron en la morada abandonada. A medida que avanzaban por los pasillos polvorientos y las habitaciones desgastadas, la sensación de que estaban siendo observados por algo más allá de la realidad se hacía cada vez más fuerte.

De repente, una sombra oscura se movió rápidamente por delante de ellos, apenas perceptible en la penumbra. Los jóvenes sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos mientras la temperatura parecía descender repentinamente. Las linternas comenzaron a parpadear y algunos se atrevieron a murmurar el nombre de Emily en voz baja, como si invocarla pudiera revelar la verdad detrás de su desaparición.

En un rincón oscuro del pasillo, una figura pálida y etérea comenzó a tomar forma lentamente. Era Emily, pero no como la recordaban en vida. Su rostro estaba demacrado y sus ojos brillaban con una luz fría y distante. Extendió una mano huesuda hacia ellos, susurros ininteligibles llenaron el aire mientras su figura se desvanecía y reaparecía entre las sombras.

Los jóvenes, paralizados por el miedo, retrocedieron lentamente hacia la salida. La casa resonaba con susurros y susurros fantasmales mientras escapaban de la presencia amenazante de Emily. Afuera, se miraron entre sí con ojos dilatados por el terror, sabiendo que habían visto algo que no podían explicar racionalmente.

Desde entonces, la casa abandonada se mantuvo en silencio, pero los que se aventuraban demasiado cerca decían que aún podían escuchar el eco de los susurros de Emily en las sombras de la noche, recordándoles que algunas historias de terror nunca mueren, sino que se ocultan en los rincones más oscuros de la imaginación humana.